Amiga, si supieras lo que te entiendo...
Poca gente puede entender el vacío existencial que te produce la ausencia de un animal cuando para vos no es un simple animal, sino una compañía, un amigo, un hermano, una persona, un par... cuando en resumidas cuenta, es importante en tu vida.
Así como a cualquier ser querido, sentís que tu vida se va con ese animalito al cual tuviste que decir adiós. A aquel que te acompañaba, que te recibía alegremente cuando llegabas, que se sentaba al lado tuyo cuando llorabas para consolarte, que saltaba cuando vos estabas feliz, que te pedía comida sólo para tener el plato lleno y para sentir que le prestabas atención, que como no puede, nunca te dijo nada, pero siempre estuvo ahí para vos. Que te dio siempre ese amor incondicional que necesitaste, que nunca pediste pero que nunca te faltó.
Y sin embargo pensás que la vida es muy injusta porque viven poco tiempo, porque tenés que despedirte, porque tenés que verlo sufrir, porque tenés que seguir adelante con tu vida y él/ella ya no está ahí y su dolor te causa tal angustia que hasta lloras de sólo pensar en estar en tu casa y que no esté allí.
Duele. Sí. Mucho.
Y no hay palabra alguna que pueda servir de consuelo ni cosa alguna que pueda llenar ese vacío que te deja, el sabor amargo
La vida sigue. Pero uno no olvida. Y más aún cuando ese pequeño ser vivo te dio más de lo que cualquier persona hubiese hecho, y te aguantó más de lo que cualquier persona hubiera soportado.
No queda otra que conservar siempre el recuerdo de su compañía como una de las mejores cosas que pasaron en la vida. Y nunca, pero nunca olvidarlos. Guardarles por siempre un lugarcito en tu corazón.
Yo lo hice, y acá está él, siempre presente y conmigo.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
¿Cómo poder explicártelo?
-¿Por qué esa cara? - preguntó con preocupación.
Ella sólo bajó la cabeza e intentó esbozar una sonrisa que surtió poco efecto.
-Conmigo no te podés esconder...
Suspiró.
- Siento que me están empezando a pasar cosas con vos... - dijo ruborizándose.
De alguna manera aquella contestación lo tomó por sopresa, pero sólo se limitó a sonreír.
- ¿Y eso por qué es malo? - preguntó aún sonriendo.
Ella levantó la vista y lo miró sorprendida. Luego sonrió y negó con la cabeza.
- No digo que sea malo...
- ¿Entonces cuál es tu preocupación?
Se encogió de hombros mientras él continuaba sosteniéndole la mirada.
- No sé por qué no te relajás...
-¡Lo intento! - interrumpió ella.- Es sólo que no creí que podría volver a sentirme así... ültimamente vengo pensando mucho en vos... imaginando cosas... lindas
Sus mejillas adoptaron un color rosado y no pudo evitar morderse los labios.
Él sonrió aún más.
- Sigo sin entender qué es lo que está mal de todo eso... Es decir, es normal que pasen estas cosas... no te pasan a vos sola...
- No, ya lo sé que no... Todo el mundo puede volver a empezar, a todos les debe prestar esta confusión...
Sin dejar de sonreír, suspiró.
- A ver si puedo ser un poco más claro... o a ver si de esta manera me entendés y podés quedarte más tranquila... No te pasa a vos sola. A mí también me están pasando cosas con vos.
Alzó la vista y le sostuvo la mirada, atónita. Nunca creyó que podría ser tan directo. Ambos sabían que les gustaba jugar a las indirectas, pero ella había decidido sincerarse de una vez porque lo que sentía se estaba apoderando de sí y no sabía cómo manejarlo.
Respiró profundamente y se quedó sin saber qué decir.
- Dale... ¿me vas a decir que no sabías? ¿Vos te pensás que si a mi no me interesaras yo estaría acá haciéndote perder el tiempo?
Ella volvió a encogerse de hombros.
- No, es sólo que pensé que tal vez... sólo salíamos como amigos...
No pudo evitar reírse de lo que acaba de decirle. Era tan bonita cuando jugaba a ser inocente.
Ella aún le sostenía la mirada. Le observó el semblante por un momento y luego se acercó un poco más cerca de ella. Suavemente le dijo:
- Yo no puedo ser tu amigo.
Ella frunció el cejo. Lo miró a los ojos sin lograr comprender a qué se refería.
Pero él se acercó aún más hasta quedar apenas unos centímetros uno del otro.
- Porque si fuera tu amigo, no podría hacer esto.
Y tomándola por la cintura unió sus labios a los suyos y comenzó a besarla fervientemente.
Ella sólo bajó la cabeza e intentó esbozar una sonrisa que surtió poco efecto.
-Conmigo no te podés esconder...
Suspiró.
- Siento que me están empezando a pasar cosas con vos... - dijo ruborizándose.
De alguna manera aquella contestación lo tomó por sopresa, pero sólo se limitó a sonreír.
- ¿Y eso por qué es malo? - preguntó aún sonriendo.
Ella levantó la vista y lo miró sorprendida. Luego sonrió y negó con la cabeza.
- No digo que sea malo...
- ¿Entonces cuál es tu preocupación?
Se encogió de hombros mientras él continuaba sosteniéndole la mirada.
- No sé por qué no te relajás...
-¡Lo intento! - interrumpió ella.- Es sólo que no creí que podría volver a sentirme así... ültimamente vengo pensando mucho en vos... imaginando cosas... lindas
Sus mejillas adoptaron un color rosado y no pudo evitar morderse los labios.
Él sonrió aún más.
- Sigo sin entender qué es lo que está mal de todo eso... Es decir, es normal que pasen estas cosas... no te pasan a vos sola...
- No, ya lo sé que no... Todo el mundo puede volver a empezar, a todos les debe prestar esta confusión...
Sin dejar de sonreír, suspiró.
- A ver si puedo ser un poco más claro... o a ver si de esta manera me entendés y podés quedarte más tranquila... No te pasa a vos sola. A mí también me están pasando cosas con vos.
Alzó la vista y le sostuvo la mirada, atónita. Nunca creyó que podría ser tan directo. Ambos sabían que les gustaba jugar a las indirectas, pero ella había decidido sincerarse de una vez porque lo que sentía se estaba apoderando de sí y no sabía cómo manejarlo.
Respiró profundamente y se quedó sin saber qué decir.
- Dale... ¿me vas a decir que no sabías? ¿Vos te pensás que si a mi no me interesaras yo estaría acá haciéndote perder el tiempo?
Ella volvió a encogerse de hombros.
- No, es sólo que pensé que tal vez... sólo salíamos como amigos...
No pudo evitar reírse de lo que acaba de decirle. Era tan bonita cuando jugaba a ser inocente.
Ella aún le sostenía la mirada. Le observó el semblante por un momento y luego se acercó un poco más cerca de ella. Suavemente le dijo:
- Yo no puedo ser tu amigo.
Ella frunció el cejo. Lo miró a los ojos sin lograr comprender a qué se refería.
Pero él se acercó aún más hasta quedar apenas unos centímetros uno del otro.
- Porque si fuera tu amigo, no podría hacer esto.
Y tomándola por la cintura unió sus labios a los suyos y comenzó a besarla fervientemente.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Si el destino lo tiene planeado, echada estaba su suerte
Cerró los ojos y respiró profundamente.
- No me afecta.- dijo como tratándose de convencer a sí misma.
Pero si no lo hacía.... ¿qué era ese nudo en la garganta que no la dejaba tragar?
No quería pensar, pero resultaba inevitable. La mente nos traiciona de vez en cuando.
Sin embargo, no podía dejarse caer por algo que no valía la pena ni tenía sentido alguno. No era sano, y tampoco era justo. Logró lo que hacía tiempo había intentado lograr, y no se iba a dejar caer ahora. No después de todo lo que había conseguido hacer en el último tiempo. No iba a flaquear, no bajaría los brazos. Un tropezón no es caída, y como esos seguro habría un montón. Pero había que seguir adelante.
De alguna manera sentía que valía la pena... que muchas cosas mejores la esperaban, y que el destino seguramente tenía preparado algo mucho mejor para ella, y sólo tenía que salir y buscarlo....
O quizás no se trataba de buscar... quizás sólo debía dejar que las cosas pasen.... Seguir su vida, pero mirando atentamente en el camino, a fin de no perderse de vista detalle que pueda dar con el tramo hacia su felicidad.
Bueno, tal vez era un poco absurdo pensar así.... Su felicidad sólo dependía de ella. De ella y de nadie más.
Y decidió salir a caminar. Descubrió que la música era lo único que la hacía sentirse mejor cuando se encontraba así. Por lo tanto, el sol y el cálido día de fines de invierno la ayudó a mantener la frente en alto y seguir caminando esperando lo que pudiera estar deparándole el destino.
- No me afecta.- dijo como tratándose de convencer a sí misma.
Pero si no lo hacía.... ¿qué era ese nudo en la garganta que no la dejaba tragar?
No quería pensar, pero resultaba inevitable. La mente nos traiciona de vez en cuando.
Sin embargo, no podía dejarse caer por algo que no valía la pena ni tenía sentido alguno. No era sano, y tampoco era justo. Logró lo que hacía tiempo había intentado lograr, y no se iba a dejar caer ahora. No después de todo lo que había conseguido hacer en el último tiempo. No iba a flaquear, no bajaría los brazos. Un tropezón no es caída, y como esos seguro habría un montón. Pero había que seguir adelante.
De alguna manera sentía que valía la pena... que muchas cosas mejores la esperaban, y que el destino seguramente tenía preparado algo mucho mejor para ella, y sólo tenía que salir y buscarlo....
O quizás no se trataba de buscar... quizás sólo debía dejar que las cosas pasen.... Seguir su vida, pero mirando atentamente en el camino, a fin de no perderse de vista detalle que pueda dar con el tramo hacia su felicidad.
Bueno, tal vez era un poco absurdo pensar así.... Su felicidad sólo dependía de ella. De ella y de nadie más.
Y decidió salir a caminar. Descubrió que la música era lo único que la hacía sentirse mejor cuando se encontraba así. Por lo tanto, el sol y el cálido día de fines de invierno la ayudó a mantener la frente en alto y seguir caminando esperando lo que pudiera estar deparándole el destino.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Siempre habrá botellas vacías...
-Sí, definitivamente "Sometimes I should just keep my mouth shut or only say hello".- pensó mientras iba caminando en aquel fresco atardecer de fines de invierno.- Las personas deberían hablar menos, y hacer más. Si aplicaran esto, creo que se evitarían mucho los conflictos.
Se metió las manos en los bolsillos y bajó la cabeza. Caminaba mirando el suelo, pues no quería demostrar el dejo de desilusión que se asomaba en su mirada. Nunca sabe uno con quién se puede encontrar si va caminando con la frente muy alta.
Ella iba siempre muy ensimismada. Tanto, que a veces resultaba un tanto peligroso al circular por el asfalto. Con la música a todo lo que daba el pequeño reproductor se aíslaba completamente del mundo mientras disfrutaba de un paseo para despejar la mente, escuchando "Walking Alone" de Green Day.
La realidad era que cada vez se sentía más sola. Y detestaba la soledad, pero sabía que era su culpa. Ella había logrado quedarse sola con el paso del tiempo. Pura culpa suya.
Pero que también era una cuestión de mala suerte, de eso no cabía duda alguna. El azar nunca estuvo de su lado.
De todas formas, ya le daba lo mismo. La preocupación ya no era tanta. Pero esa sensación de vacío en el pecho no podía quitársela nadie. Quería hacerse la fuerte, la que no le afectaba, pero sin embargo, se sentía herida y desilusionada otra vez. Era su culpa, por ser humana equivocarse al elegir. Ya definitivamente no era una cuestión de suerte. Tal vez tuviera un imán... o algo así. Realmente no sabía, pero ya se estaba empezando a cansar de eso. Sí así era, entonces tenía que ser por su propia voluntad hacer que las cosas cambien.
No dependía de nadie más que de ella.
No necesitaba a nadie más que a ella misma y a su propia confianza.
Pero sin embargo, se sentía tan sola.
Se metió las manos en los bolsillos y bajó la cabeza. Caminaba mirando el suelo, pues no quería demostrar el dejo de desilusión que se asomaba en su mirada. Nunca sabe uno con quién se puede encontrar si va caminando con la frente muy alta.
Ella iba siempre muy ensimismada. Tanto, que a veces resultaba un tanto peligroso al circular por el asfalto. Con la música a todo lo que daba el pequeño reproductor se aíslaba completamente del mundo mientras disfrutaba de un paseo para despejar la mente, escuchando "Walking Alone" de Green Day.
La realidad era que cada vez se sentía más sola. Y detestaba la soledad, pero sabía que era su culpa. Ella había logrado quedarse sola con el paso del tiempo. Pura culpa suya.
Pero que también era una cuestión de mala suerte, de eso no cabía duda alguna. El azar nunca estuvo de su lado.
De todas formas, ya le daba lo mismo. La preocupación ya no era tanta. Pero esa sensación de vacío en el pecho no podía quitársela nadie. Quería hacerse la fuerte, la que no le afectaba, pero sin embargo, se sentía herida y desilusionada otra vez. Era su culpa, por ser humana equivocarse al elegir. Ya definitivamente no era una cuestión de suerte. Tal vez tuviera un imán... o algo así. Realmente no sabía, pero ya se estaba empezando a cansar de eso. Sí así era, entonces tenía que ser por su propia voluntad hacer que las cosas cambien.
No dependía de nadie más que de ella.
No necesitaba a nadie más que a ella misma y a su propia confianza.
Pero sin embargo, se sentía tan sola.
lunes, 29 de agosto de 2011
'Cause I see everything when I look at you...
Sabía que estaba yendo demasiado lejos... Pero ya no había vuelta atras, no había manera de frenar ese hermoso sentimiento que había nacido dentro de su ser y que al parecer era mutuo...
Pero no había miedo ni preocupaciones... con sólo una mirada podía darse cuenta que a su lado no habría peligro, no habría dolor... y que era lo que siempre buscó...
Y pensar que había perdido tanto tiempo derramándo lágrimas por quién no las merecía... Y no se había dado cuenta lo que había allí fuera esperando que abriera los ojos finalmente y pudiera encontrar una nueva oportunidad de ser feliz.
Sólo una frase le daba vueltas en la cabeza... "let it be".
Y así lo haría.
Pero no había miedo ni preocupaciones... con sólo una mirada podía darse cuenta que a su lado no habría peligro, no habría dolor... y que era lo que siempre buscó...
Y pensar que había perdido tanto tiempo derramándo lágrimas por quién no las merecía... Y no se había dado cuenta lo que había allí fuera esperando que abriera los ojos finalmente y pudiera encontrar una nueva oportunidad de ser feliz.
Sólo una frase le daba vueltas en la cabeza... "let it be".
Y así lo haría.
jueves, 25 de agosto de 2011
Stop time tonight... stay in this moment forever...
Levantó la vista y le volvió a sonreír.
Él la miraba enamorado, y ella no podía evitar sentirse apreciada nuevamente.
Bajó la vista y rodeó el vaso con ambas manos. Se quedó unos instantes observando el contenido y luego suspiró. Dio un sorbo y volvió a dejar el trago donde estaba.
- Sabés que no estoy como para comenzar una relación de nuevo... - dijo encogiéndose de hombros y levantando apenas la mirada.
Él no decía nada. Sólo miraba sus dos hermosos ojos. Esos ojos que lo tenían encandilado. Por dentro pensaba que tenía razón, pero no obstante él quería una oportunidad de hacerla feliz... Sabía que él podría hacerlo.
Ella dio un suspiro y él bajó la vista hacia su vaso.
- Sin embargo...- continuó.-... no sé cómo explicar lo que siento cuando estoy con vos... Pese a que sé que no debo apurar las cosas... siento unas ganas incesantes de que mi vida al lado tuyo empiece ahora...
Se ruborizó.
Él levantó la vista, sorprendido.
- No sé por qué, pero cuando estoy con vos me siento completa... siento como si fueras lo que siempre estuve buscando... que en el camino me perdí y ahora finalmente llegué a donde tenía que llegar...
- ¿Y dónde es eso exactamente? - preguntó dejando asomar una pequeña sonrisa.
Se miraron directamente a los ojos y el silenció reinó entre los dos. Poco a poco volvieron a acercarse hasta quedar sus labios apenas unos centrímetros al lado del otro.
- Acá... con vos...
Sin darse cuenta, en menos de unos segundos, estaban envueltos en un apasionado beso. Él corazón les latía precipidamente, como si estuviera a punto de estallar.
En el momento en que pudieron despegar sus labios, ella susurró a su oído
- Es como si hubiese nacido para vos y todo este tiempo sólo tenía que encontrarte.
Él le corrió suavemente el cabello, despejándole el rostro y la tomó del cuello. Se acercó despacio a su oído y como sin quererlo olió profundamente su perfume. Cerró los ojos y suspiró.
- Entonces valió la pena esperarte tanto tiempo.
Él la miraba enamorado, y ella no podía evitar sentirse apreciada nuevamente.
Bajó la vista y rodeó el vaso con ambas manos. Se quedó unos instantes observando el contenido y luego suspiró. Dio un sorbo y volvió a dejar el trago donde estaba.
- Sabés que no estoy como para comenzar una relación de nuevo... - dijo encogiéndose de hombros y levantando apenas la mirada.
Él no decía nada. Sólo miraba sus dos hermosos ojos. Esos ojos que lo tenían encandilado. Por dentro pensaba que tenía razón, pero no obstante él quería una oportunidad de hacerla feliz... Sabía que él podría hacerlo.
Ella dio un suspiro y él bajó la vista hacia su vaso.
- Sin embargo...- continuó.-... no sé cómo explicar lo que siento cuando estoy con vos... Pese a que sé que no debo apurar las cosas... siento unas ganas incesantes de que mi vida al lado tuyo empiece ahora...
Se ruborizó.
Él levantó la vista, sorprendido.
- No sé por qué, pero cuando estoy con vos me siento completa... siento como si fueras lo que siempre estuve buscando... que en el camino me perdí y ahora finalmente llegué a donde tenía que llegar...
- ¿Y dónde es eso exactamente? - preguntó dejando asomar una pequeña sonrisa.
Se miraron directamente a los ojos y el silenció reinó entre los dos. Poco a poco volvieron a acercarse hasta quedar sus labios apenas unos centrímetros al lado del otro.
- Acá... con vos...
Sin darse cuenta, en menos de unos segundos, estaban envueltos en un apasionado beso. Él corazón les latía precipidamente, como si estuviera a punto de estallar.
En el momento en que pudieron despegar sus labios, ella susurró a su oído
- Es como si hubiese nacido para vos y todo este tiempo sólo tenía que encontrarte.
Él le corrió suavemente el cabello, despejándole el rostro y la tomó del cuello. Se acercó despacio a su oído y como sin quererlo olió profundamente su perfume. Cerró los ojos y suspiró.
- Entonces valió la pena esperarte tanto tiempo.
miércoles, 24 de agosto de 2011
She may be the face I can't forget...
Y se sentó en el bar a esperar.
Aún no lograba entender por qué se sentía tan nervioso. ¿O era ansiedad?
No era tan fácil para un hombre distinguirlo. Además, ella era la primera mujer que lo había hecho sentir así.
Y era increíble. Todavía no podía creer cómo luego de tanto tiempo había podido conseguirla y estaba logrando conquistarla.
Tomó su celular y miró la hora. Pasadas las diez de la noche apenas. Suspiró.
Levantó la vista lentamente y esbozó una sonrisa.
Una elegante morena acababa de cruzar el umbral de la puerta de aquel lugar y lo recorría con la mirada hasta encontrarse con la suya. Ella le devolvió la sonrisa y se acercó a paso lento hacia la mesa donde él se hallaba.
- Perdón por hacerte esperar.- le dijo con esa cara de inocente que él no se podía resistir.
- No hay problema, llegué hace unos instantes.- dijo encogiéndose de hombros.
Le dio un cálido beso en la mejilla y se sentó a su lado.
- ¿Qué vas a tomar? - le preguntó mientras ella se quitaba el abrigo.
- Oh... Un Martini estaría bien.- respondió sonriendo.
Le hizo una seña al mesero y le encargó el trago solicitado por la dama.
No podía dejar de mirarla. Lucía radiante, como siempre. Y no dejaba de sonreír. Estaba encandilado con su sonrisa, y no podía darse crédito aún de que fuera por él que ella la llevara en su semblante últimamente.
Ella continuaba revolviendo unas cosas de su cartera y luego volvió la vista hacia él, dirigiéndole otra encantadora sonrisa.
- ¿Estás bien? - le dijo frunciendo el cejo sin dejar de sonreír.
Él se despertó como de un sueño y sacudió la cabeza.
- Sí... ¿por qué lo preguntás? - preguntó extrañado.
- Porque me mirás como si quisieras decirme algo y no te animás...
El se encogió de hombros nuevamente y se ruborizó.
En ese instante llegó el mozo con los dos tragos y los apoyó sobre la mesa.
Ambos le dieron las gracias y levantaron sus vasos.
- ¿Por qué brindamos? - preguntó ella al aproximar su vaso al de su compañero.
El muchacho alzó la vista y se quedó pensando un momento. Luego volvió a bajar la mirada para encontrarse directamente con sus ojos que ansiaban una respuesta.
- Por vos. Que sigas así de bien como estás ahora. Es un gran paso que diste y merece que brindemos por ello.
Ella se ruborizó, sin dejar de mirarlo. Se mordió los labios y golpeó suavemente su vaso contra el suyo.
- Salud.- dijo.- Por nosotros... y esto extraño que está comenzando.
Y sin dejar de mirarse a los ojos fueron acercándose lentamente el uno hacia el otro hasta que sus labios fueron sólo uno en un mágico y húmedo beso.
Aún no lograba entender por qué se sentía tan nervioso. ¿O era ansiedad?
No era tan fácil para un hombre distinguirlo. Además, ella era la primera mujer que lo había hecho sentir así.
Y era increíble. Todavía no podía creer cómo luego de tanto tiempo había podido conseguirla y estaba logrando conquistarla.
Tomó su celular y miró la hora. Pasadas las diez de la noche apenas. Suspiró.
Levantó la vista lentamente y esbozó una sonrisa.
Una elegante morena acababa de cruzar el umbral de la puerta de aquel lugar y lo recorría con la mirada hasta encontrarse con la suya. Ella le devolvió la sonrisa y se acercó a paso lento hacia la mesa donde él se hallaba.
- Perdón por hacerte esperar.- le dijo con esa cara de inocente que él no se podía resistir.
- No hay problema, llegué hace unos instantes.- dijo encogiéndose de hombros.
Le dio un cálido beso en la mejilla y se sentó a su lado.
- ¿Qué vas a tomar? - le preguntó mientras ella se quitaba el abrigo.
- Oh... Un Martini estaría bien.- respondió sonriendo.
Le hizo una seña al mesero y le encargó el trago solicitado por la dama.
No podía dejar de mirarla. Lucía radiante, como siempre. Y no dejaba de sonreír. Estaba encandilado con su sonrisa, y no podía darse crédito aún de que fuera por él que ella la llevara en su semblante últimamente.
Ella continuaba revolviendo unas cosas de su cartera y luego volvió la vista hacia él, dirigiéndole otra encantadora sonrisa.
- ¿Estás bien? - le dijo frunciendo el cejo sin dejar de sonreír.
Él se despertó como de un sueño y sacudió la cabeza.
- Sí... ¿por qué lo preguntás? - preguntó extrañado.
- Porque me mirás como si quisieras decirme algo y no te animás...
El se encogió de hombros nuevamente y se ruborizó.
En ese instante llegó el mozo con los dos tragos y los apoyó sobre la mesa.
Ambos le dieron las gracias y levantaron sus vasos.
- ¿Por qué brindamos? - preguntó ella al aproximar su vaso al de su compañero.
El muchacho alzó la vista y se quedó pensando un momento. Luego volvió a bajar la mirada para encontrarse directamente con sus ojos que ansiaban una respuesta.
- Por vos. Que sigas así de bien como estás ahora. Es un gran paso que diste y merece que brindemos por ello.
Ella se ruborizó, sin dejar de mirarlo. Se mordió los labios y golpeó suavemente su vaso contra el suyo.
- Salud.- dijo.- Por nosotros... y esto extraño que está comenzando.
Y sin dejar de mirarse a los ojos fueron acercándose lentamente el uno hacia el otro hasta que sus labios fueron sólo uno en un mágico y húmedo beso.
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