Llegó y en seguida la divisó allí, sentada en una mesa del bar, con un cigarrillo encendido.
Estaba increíble, como siempre. Su mirada estaba perdida y su semblante sombrío, lo que le provocó un nudo en la garganta.
Al llegar a su lado, la saludió cordialmente, le tendió la mano y le preguntó si podía tomar asiento. Ella asintió con la cabeza y lo observó con disimulo. Se dio cuenta de ello, así que en seguida ella desvió la mirada.
Nervioso como estaba intentó sacar conversación, pero ella se mostraba serena y poco elocuente. Apenas si le dirigía la mirada. En el fondo, él sabía que no se atrevía a mirarlo porque no quería afrontar todos los sentimientos que aún sentía por él. Lo sabía. Pero él necesitaba que ella le sostuviese la mirada.
Sentía como si el puñal que llevaba en el pecho desde hacía tiempo lo estuvieran hundiendo aún más con cada silencio de ella, con cada mirada triste, apagada, con cada reprobación severa en sus ojos.
Aquellos ojos... ¿Cómo podían resultarle tan cautivadores siendo así, tan fulminantes como lo estaban siendo en esos momentos? Sin embargo la amaba, la deseaba con toda su fuerza, su cuerpo, y su corazón. Necesitaba rozar su mano con la suya, acariciarle la mejilla, el pelo. Que le dedicara una mirada, sacarle una sonrisa, hacerla hablar dulcemente como lo había hecho siempre.
Sabía que ella estaba dolida y que intentaba mostrarse fuerte e inflexible, pero que en el fondo no lo era y ella también estaba muriendo de dolor y conteniendo las ganas y la necesidad de un abrazo.
Un abrazo... Oh, si tan sólo sus brazos pudieran rodearla... Si apenas la dejara contenerla. Ella cabía perfectamente entre sus brazos y él se sentía tan a gusto apretujándola contra sí. Tenía la necesidad de aferrarla a sí y sentir que nunca, pero nunca jamás volvería a dejarla ir. Necesitaba que ella le diera esa seguridad, esa ilusión. No podía más con tanto dolor. Clemencia, piedad, redención, misericordia. Sabía que el corazón de la muchacha era grande y era capaz de perdonar. O no le importaba acaso, sólo quería tocarla. Su mano, su cabello, su rostro, sus labios... Esos labios que ansiaban un beso desesperado y salvador. Esos besos reconfortantes como los suyos; únicos y tan perfectos.
La amaba. No tenía dudas sobre eso. Y lucharía por estar con ella así significara hacer todo lo que no hubiera hecho jamás. No la soltaría nunca más, a menos que ella le dijera con seguridad y mirándolo a los ojos que ya no lo amaba y que no quería estar con él. Cualquier indicio de duda sería para él una señal de que valía la pena seguir luchando. Y él, conociéndola como la conocía, podía ver la duda en su mirada desde el momento en que llegó al bar. Y por eso estaba allí, para pelear por su amor, para recuperarla, para volver a amarla y hacerla feliz para siempre.
Aún conservaba la esperanza y sabía que era lo último que le quedaba.
Su corazón latía precipitadamente y la tristeza lo inundaba, pero allí estaba, junto a ella, que al fin le sostuvo la mirada... Y en ella vio comprensión, amor, perdón, consuelo.
Ella era todo lo que él necesitaba.
domingo, 19 de febrero de 2012
miércoles, 15 de febrero de 2012
Amor se escribe con sangre
"Después, se limitó a abrazarla por un buen rato, mientras los grillos del exterior interpretaban su música. Finalmente, se movió.
- Ojalá te pudieras quedar aquí - susurró-. Ojalá pudieras quedarte aquí para siempre. Pero no puedes.
- Lo sé - respondió ella con voz igualmente queda.
Los ojos de ambos volvieron a encontrarse en silenciosa comunión. Había tanto que decir, tantas razones para estar juntos...
- Mañana - dijo ella; luego recostándose en su hombro susurró, - pase lo que pase, Stefan, estaré a tu lado. Dime que lo crees.
Su voz sonó baja, amortiguada por los cabellos de la muchacha.
- Ah, Elena, lo creo. Pase lo que pase estaremos juntos".
- Ojalá te pudieras quedar aquí - susurró-. Ojalá pudieras quedarte aquí para siempre. Pero no puedes.
- Lo sé - respondió ella con voz igualmente queda.
Los ojos de ambos volvieron a encontrarse en silenciosa comunión. Había tanto que decir, tantas razones para estar juntos...
- Mañana - dijo ella; luego recostándose en su hombro susurró, - pase lo que pase, Stefan, estaré a tu lado. Dime que lo crees.
Su voz sonó baja, amortiguada por los cabellos de la muchacha.
- Ah, Elena, lo creo. Pase lo que pase estaremos juntos".
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"- Sólo existe - dijo ella - un modo de que anuncie al instituto que hemos roto. Y es si me dices que no me amas y no quieres volver a verme. Dime eso, Stefan, ahora mismo. Dime que no quieres estar conmigo nunca más.
Él había dejado de respirar. La miró desde su altura, con aquellos ojos verdes estriados como los de un gato en tonalidades esmeralda, malaquita y verde acebo.
- Dilo - le instó ella-. Dime cómo puede seguir adelante sin mí, Stefan. Dime...
Jamás consiguió finalizar la frase. Quedó interrumpida cuando la boca de él descendió sobre la suya."
Él había dejado de respirar. La miró desde su altura, con aquellos ojos verdes estriados como los de un gato en tonalidades esmeralda, malaquita y verde acebo.
- Dilo - le instó ella-. Dime cómo puede seguir adelante sin mí, Stefan. Dime...
Jamás consiguió finalizar la frase. Quedó interrumpida cuando la boca de él descendió sobre la suya."
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"- Entonces, simplemente tendremos que asegurarnos de que no puedan llevarlo a cabo. Pero incluso aunque no pueda, no voy a huir. No te dejaré, Elena; voy a quedarme y pelear.
- Pero te harán daño. Stefan, no puedo soportar eso.
- Y yo no puedo dejarte. Está decidido. Deja que me preocupe de lo demás; encontraré un modo. Y si no lo hago..., bueno, suceda lo que suceda, me quedaré a tu lado. Estaremos juntos.
- Estaremos juntos - repitió Elena, y apoyó la cabeza en su hombro, feliz de dejar de pensar por un rato y simplemente ser."
- Pero te harán daño. Stefan, no puedo soportar eso.
- Y yo no puedo dejarte. Está decidido. Deja que me preocupe de lo demás; encontraré un modo. Y si no lo hago..., bueno, suceda lo que suceda, me quedaré a tu lado. Estaremos juntos.
- Estaremos juntos - repitió Elena, y apoyó la cabeza en su hombro, feliz de dejar de pensar por un rato y simplemente ser."
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"Pero al mirarla a los ojos aquella noche, vio comprensión. Perdón. Amor.
Su amor lo había curado.
Y fue entonces cuando él supo que jamás podrían estar separados.
Otros recuerdos afloraron, y Stefan se aferró a ellos, incluso a pesar de que el dolor lo desgarraba igual que unas zarpas. Sensaciones. El contacto de Elena contra su cuerpo, flexible en sus brazos. El roce de sus cabellos en su mejilla, livianos como el ala de una mariposa nocturna. La curva de los labios de la muchacha, el sabor que tenían. El increíble color medianoche de sus ojos..."
Su amor lo había curado.
Y fue entonces cuando él supo que jamás podrían estar separados.
Otros recuerdos afloraron, y Stefan se aferró a ellos, incluso a pesar de que el dolor lo desgarraba igual que unas zarpas. Sensaciones. El contacto de Elena contra su cuerpo, flexible en sus brazos. El roce de sus cabellos en su mejilla, livianos como el ala de una mariposa nocturna. La curva de los labios de la muchacha, el sabor que tenían. El increíble color medianoche de sus ojos..."
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"Toda la frustrada ternura de los últimos seis meses, toda la emoción que había mantenido encerrada en su corazón durante aquel tiempo, brotó en cascada, sumergiéndole. Ahogándolos a ambos. Bastó sólo un leve movimiento, y él ya la abrazaba.[...] Ella se estremeció en su abrazo; luego, con los ojos aún cerrados, alzó los labios.
No hubo nada frío en el beso. Hizo que saltaran chispas de los nervios de Stefan, fundiendo y disolviendo todo lo que había a su alrededor. Sintió que el control se deshacía, el control que él se había esforzado por conservar desde que la perdiera. Todo en su interior estaba siendo liberado violentamente, todos los nudos desatados, todas las compuertas abiertas. Sintió las propias lágrimas mientras la apretaba contra él, intentando fundirlos a ambos en una sola carne; un cuerpo. Para que nada pudiera volver a separarlos jamás."
No hubo nada frío en el beso. Hizo que saltaran chispas de los nervios de Stefan, fundiendo y disolviendo todo lo que había a su alrededor. Sintió que el control se deshacía, el control que él se había esforzado por conservar desde que la perdiera. Todo en su interior estaba siendo liberado violentamente, todos los nudos desatados, todas las compuertas abiertas. Sintió las propias lágrimas mientras la apretaba contra él, intentando fundirlos a ambos en una sola carne; un cuerpo. Para que nada pudiera volver a separarlos jamás."
Crónicas Vampirícas. Lisa Jane Smith.
martes, 14 de febrero de 2012
Where she belongs...
Cerró los ojos y dejó que la brisa golpeara suavemente sobre su rostro.
Era una cálida noche de verano y se hallaba sentada sobre una roca contemplando las luces de aquel lugar que se encendían y se apagaban con intermitencia e iban cambiando sus colores llenando aquel bosque de magia y vida. Y por un momento sintió una increíble energía que recorrió todo su cuerpo.
Una sensación de paz y de quietud.
Tomó su manó y se sintió más feliz por tenerlo a su lado en esos instantes.
Una lágrima resbaló de sus ojos y recorrió sus mejillas.
No eran lágrimas de tristeza. Era difícil explicar la sensación.
Mezcla de nostalgia, de añoranza, de consuelo, de anhelo, de paz, de ánimo, de cariño, de contención, de ternura, de un poco de culpa, de aflicción, de miles de sensaciones diferentes y extrañas que se manifestaban en su mente en ese momento.
Pero de una cosa se sentía segura. Aferrada a su mano era capaz de todo. Ella pertenecía allí.
Era una cálida noche de verano y se hallaba sentada sobre una roca contemplando las luces de aquel lugar que se encendían y se apagaban con intermitencia e iban cambiando sus colores llenando aquel bosque de magia y vida. Y por un momento sintió una increíble energía que recorrió todo su cuerpo.
Una sensación de paz y de quietud.
Tomó su manó y se sintió más feliz por tenerlo a su lado en esos instantes.
Una lágrima resbaló de sus ojos y recorrió sus mejillas.
No eran lágrimas de tristeza. Era difícil explicar la sensación.
Mezcla de nostalgia, de añoranza, de consuelo, de anhelo, de paz, de ánimo, de cariño, de contención, de ternura, de un poco de culpa, de aflicción, de miles de sensaciones diferentes y extrañas que se manifestaban en su mente en ese momento.
Pero de una cosa se sentía segura. Aferrada a su mano era capaz de todo. Ella pertenecía allí.
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